Vida y obras de eugenio espejo colegio

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En su regreso a Quito, fundó junto a Montúfar y otros notables como Gijón y Sánchez de Orellana, la Escuela de la Concordia, que funcionaba internamente como una logia masónica. Aunque no llegó a ver la independencia de Ecuador, sus escritos inspiraron a generaciones posteriores de líderes independentistas, como Simón Bolívar y José de San Martín. «» [Internet].

Un hecho fundamental en el pensamiento de Espejo es que se califique a sí mismo como "hombre de letras". Pero los cargos resultaron carentes de pruebas y poco tiempo después quedó libre.

En conclusión, el pensamiento de Espejo en tanto que "hombre de letras" llevó signado dentro de sí un objetivo político preciso: la reforma general de las costumbres de su época.

Su vida y obra siguen siendo estudiadas como un ejemplo de coraje intelectual y compromiso con los valores democráticos.

Conclusión: La Vigencia del Pensamiento de Espejo en la Actualidad

La figura de Eugenio Espejo trasciende su época, pues sus ideas sobre justicia social, educación y libertad siguen siendo relevantes en el mundo contemporáneo.

Entre sus aportes más importantes se encuentra la fundación de la primera sociedad patriótica de Quito, conocida como la “Escuela de la Concordia”, que buscaba difundir ideas progresistas y fomentar el pensamiento independentista.

Además de su labor intelectual, Espejo es recordado por su valentía al denunciar la corrupción de las autoridades españolas y la explotación de los pueblos originarios.

En 1779, con la intención de fomentar la lectura entre sus contemporáneos, escribió con el seudónimo de don Javier de Cía, Apéstigui y Perochena la obra El nuevo Luciano de Quito o despertador de los ingenios quiteños.

En 1772 Espejo empezó a ejercer la medicina en Quito, e inició su sátira y crítica a los responsables de los males imperantes en la ciudad.

Esta institución se convirtió en un núcleo de la Sociedad de Amigos del País, donde se propiciaba el intercambio de ideas, el debate y el desarrollo de proyectos para mejorar la sociedad ecuatoriana.

Como médico, Espejo también se preocupó por el bienestar de sus conciudadanos. En él, el ejercicio de las letras era una manera de practicar lo universal, una forma de compromiso.

La cárcel fue para él prácticamente su último destino en vida, ya que murió enfermo en 1795, poco tiempo después de ser puesto en libertad. Sin embargo, su talento y perseverancia le permitieron superar estas barreras, logrando formarse como médico y abogado.

Por otro lado, sin embargo, hay quienes muestran a un Espejo defensor de la tradición cultural criolla venida de España; un hombre fiel a una monarquía de derecho divino, donde el rey obtenía su poder de las manos de Dios y el trono, por lo tanto, se apoyaba en la religión.

Hoy, Eugenio Espejo es recordado no solo como un intelectual brillante, sino como un mártir de la libertad y un símbolo de la resistencia contra la opresión. Pero no pasó mucho tiempo antes de que este periódico y, más tarde, la misma Sociedad Patriótica fuesen blanco de la ignorancia y acaso del temor de la Corona española.

Su legado perdura hasta nuestros días, y su visión de una sociedad más justa y equitativa sigue inspirando a generaciones.

Espejo es un ejemplo vivo de cómo una persona puede hacer una diferencia significativa en su sociedad y en la historia, con una mente abierta, un corazón comprometido y la convicción de que todos merecen vivir en libertad, igualdad y fraternidad.

Fue lector asiduo de Las provinciales, de Blaise Pascal; del Teatro crítico universal, de Fray Benito Jerónimo Feijoo; de La lógica moderna y los libros hipocráticos de Andrés Piquer, y del Método de estudiar del célebre Luís António Verney, más conocido como "el Barbadiño".

En el informe que realizó al respecto atribuyó el problema a causas sociales y culturales; afirmó que los responsables de las epidemias contagiosas eran la ignorancia en cuestiones de higiene, las deficientes condiciones sanitarias de la ciudad y hasta la mala formación médica y los propios sacerdotes betlemitas que, sin criterio, dirigían el hospital de Quito.

Se ha sugerido que una obra de Espejo, Cartas riobambenses (1787), puede ser un antecedente de la novela en el Ecuador. Espejo no solo se limitó a describir síntomas, sino que también cuestionó las prácticas médicas tradicionales y abogó por medidas de higiene y prevención, algo revolucionario para su tiempo.

Además de su trabajo sobre las viruelas, Espejo investigó otras enfermedades comunes en la región, como la malaria y la fiebre amarilla, proponiendo enfoques basados en la observación científica más que en supersticiones.

Sin embargo, sus críticas no pasaron desapercibidas, y pronto fue visto como una amenaza por el gobierno español, lo que llevó a su arresto en 1795.

Su pensamiento político estaba influenciado por las ideas republicanas y liberales que empezaban a circular en América. La fecha de 1792 fue crucial en su carrera: editó en Quito el primer periódico que se publicó en esta ciudad, "Primicias de la cultura de Quito", que ha devenido en un verdadero símbolo de los comienzos del periodismo y de la formación de una embrionaria opinión pública en el Ecuador.