Biografia de juana azurduy de padilla resumen

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Por su parte, su madre fue una mestiza que desde muy temprano inculcó en Juana sus costumbres y creencias indígenas.

Ya que Juana Azurduy fue la primera hija del matrimonio entre Eulalia Bermúdez y Matías Azurduy ésta tuvo una crianza exigente. En una de las escaramuzas que tuvo lugar en el camino de la retirada, soldados realista abatieron a Padilla, le cortaron la cabeza y la clavaron en una pica que exhibieron en la plaza de la localidad de la Laguna.

Abatida por el asesinato de su esposo, se refugió durante varios meses en parajes inhóspitos para cuidar a la pequeña Luisa, la única hija que le quedaba viva.

La situación cambió a fines de 1816, cuando el general Belgrano intercedió ante el Directorio porteño para que confiriera a Azurduy el grado de teniente coronel del ejército patrio.

Alentada por este inédito reconocimiento, en mayo de 1817 reunió una fuerza formada por cientos de indígenas y mestizos que, armados con palos, sables y asadas, tomaron por asalto La Laguna y recuperaron la cabeza de Padilla.

Junto a su esposo, organizó el escuadrón Los Leales, destinado a colaborar con las tropas enviadas desde Buenos Aires con el objetivo de liberar el Alto Perú. Tenían entonces casi 82 años.

Sus restos fueron depositados en una fosa común del cementerio local, tras una ceremonia fúnebre a la que solo asistió Indalecio Sandi, un joven discapacitado a quien Juana le había permitido vivir en su casa.

Recién un siglo después de su muerte su figura comenzó a ser reivindicada por historiadores revisionistas que difundieron su lucha y lograron que tuviera el reconocimiento público que se merecía en vida.

Fue entonces que sus restos fueron desenterrados, identificados y colocados en una urna que se ubicó en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

En la década de 1970 grupos nacionalistas y de izquierda asimilaron la lucha de Juana a la de las fuerzas tercermundistas que combatían la presencia de las grandes potencias en América Latina, Asia y África.

Diez años después, una canción escrita por Félix Luna, musicalizada por Ariel Ramírez y cantada por Mercedes Sosa, inmortalizó su nombre al recordar sus hazañas y denominarla “Flor del Alto Perú”.

Bibliografía:
  • O’Donnell, Pacho.

    Poco tiempo después Juana, que esperaba a su quinto hijo, quedó viuda tras la muerte de su marido en la batalla de Villar (14 de septiembre de 1816). En este momento, Juana estaba embarazada y sus cuatro hijos mayores habían fallecido víctimas del hambre, consecuencia directa del aislamiento y la precariedad provocada por la nueva estrategia militar.

    Esta estrategia había sido decidida por San Martín, quien lideraba las fuerzas que planeaban liberar Lima a través del Pacífico, priorizando la campaña chilena.

    Cuando Azurduy era muy pequeña perdió al que sería su único hermano varón, Blas. El cuerpo de su marido fue colgado por los realistas en el pueblo de la Laguna, y Juana se halló en una situación desesperada: sola, embarazada y con los ejércitos realistas controlando eficazmente el territorio. Su madre, Eulalia Bermúdez, era en cambio una mestiza que era hija de una indígena y de un español.

    Desde niña Juana acompañó a sus padres en las labores rurales junto a los indígenas que trabajan sus tierras.

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    Juana Azurduy

    (Juana Azurduy de Padilla; Chuquisaca, 1780 - Jujuy, 1860) Heroína de la independencia del Alto Perú (actual Bolivia). Además de haber tenido cinco hijos juntos, ambos lograron crear una sinergia sin igual en torno a la vida política de aquellos tiempos.

    Quedó huérfana a temprana edad y fue acogida en un convento de monjas en su ciudad natal, Chuquisaca, centro neurálgico del virreinato y sede de la Real Audiencia de Charcas.

    En 1802 se casó con Manuel Asencio Padilla, con quien tendría cinco hijos. Decepcionado por esa situación, apoyó la Revolución de Chuquisaca, que en 1809 se plasmó en la formación de una junta de gobierno que fue disuelta por la represión realista.

    La lucha contra los realistas

    Entre 1810 y 1813 tropas provenientes de Buenos Aires ocuparon en dos oportunidades el Alto Perú.

    Esperamos que, al igual que con nosotros, haya aumentado tu curiosidad sobre la historia independentista. Su marido tuvo que partir hacia la zona del Chaco y dejó a cargo de su esposa esa región estratégica, conocida también en la época como Hacienda de Villar. Con la tropa, Azurduy se reincorporó a la lucha independentista y volvió al Alto Perú, donde ese mismo año se proclamó la soberanía plena de la entidad,la cual pasaría a llamarse Bolivia.

    A pesar de su ímpetu no sólo como mujer, sino también como militar, Juana Azurduy no fue debidamente reconocida por sus logros al llegar nuevamente a Bolivia tras su independencia.

    "Juana Azurduy de Padilla (1780-1860). La heroína mestiza que desafió al imperio español en las guerras de independencia". Allí fue recibida por Güemes, el gobernador salteño, que reconoció sus méritos y la incorporó a su ejército.

    Durante los siguientes tres años contribuyó a ponerle freno a varias ofensivas de los realistas, que amenazaban con llegar hasta Tucumán y desde allí avanzar hacia Córdoba y hasta la propia Buenos Aires.

    El asesinato de Güemes, en 1821, fue otro duro golpe para Juana, que sin su protección quedó varada a su suerte y sin ningún tipo de ayuda del nuevo gobierno provincial.

    Regreso al Alto Perú

    Luego de conocer la noticia de la victoria de los ejércitos bolivarianos en la batalla de Ayacucho, regresó al Alto Perú, donde presenció la entrada de las tropas de Antonio José de Sucre en Chuquisaca y la proclamación de la Independencia de Bolivia, el 6 de agosto de 1825.

    Poco después recibió la visita de Simón Bolívar que durante su breve estadía en Bolivia tuvo el deseo de conocerla.

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    Juana colaboró activamente con su marido para organizar el escuadrón que sería conocido como Los Leales, el cual debía unirse a las tropas enviadas desde Buenos Aires para liberar el Alto Perú. Durante este tiempo, Juana tuvo que separarse de sus hijos para asumir su rol como combatiente en el frente.

    En 1810, se unió al ejército libertador comandado por Manuel Belgrano, quien quedó profundamente impresionado por su habilidad como amazona y estratega.